HACE CIEN AÑOS NACIÓ LA RENOVACIÓN DEL TANGO

(11 de marzo del 1921 al 2021)

Recordando al músico argentino e innovador del Tango, un verdadero aporte a la música contemporánea.

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Astor Piazzolla (11 de marzo de 1921 - 4 de julio de 1992), compositor argentino y bandoneonista,  vivió desde niño en Nueva York, siendo un hijo de un inmigrante italiano admirador de Gardel, don Vicente, quien le regalaría un bandoneón que atraparía al futuro renovador del tango.  Su formación musical se iniciaría a temprana edad, con Bela Wilda, maestro ruso discípulo de Rachmaninov, que cautivaría con sus armonías intrigantes, trasegando entre en el Nuevo y Viejo Mundo hasta su final reencuentro consigo mismo. 

Así llegaría a Argentina radicándose en Buenos Aires y actuando como bandoneonista en las orquestas de Miguel Caló y Aníbal Troilo e iniciaría su carrera como arreglista conociendo a fondo el mundo del tanto. Entretanto, se perfeccionaría con Albero Ginastera, que le enseñaría técnicas de composición avanzadas.  Ya desde 1944, es decir,  a la edad de 23 años, dirigía su orquesta acompañando al cantante Francisco Florentino y continuaría su labor como arreglista de orquestas como la de José Basso, Miguel Calí y Francini-Pontier.
De esta época son piezas de música culta como Rapsodia porteña (1952) y Sinfonía de Buenos Aires (1953) en cuya instrumentación incluyó bandoneones. Y viajaría a París de nuevo a  estudiar con la famosa pedagoga Nadia Boulanger, mostrándole piezas sinfónicas escritas para Ginastera, quien no se interesaría por esto, y más bien lo incitaría a buscar en sí mismo al verdadero Piazzolla. 
Ciertamente, esto le valió no pocos rechazos y rencores de aquellos que lo veían como un profanador de una tradición celosamente guardada. Pero él convocó a  músicos de primera línea y formó el Octeto Buenos Aires, con Enrique Mario  Francini y Hugo Baralis en violines, Roberto Pansera en bandoneón, José Bragato en violonchelo, Aldo Nicolini en bajo, Horacio Malvicino en guitarra eléctrica y Atilio Stampone en piano.  Sería su grupo experimental de éxito debido a las novedades rítmicas y contrapuntísticas que aportaba, hasta consolidar  un estilo tan propio que incorporaba a grandes exponentes como Ernesto de la Cruz (bandoneonista), con las letras de lunfardo y su carácter gitano, hasta la música clásica (Bach), la música del siglo XX) con la música popular americana (Gerswing, Art Tatum, Stan Kenton, Miller, Peterson).
Pero más que un innovador, fue un verdadero genio con el carácter y la visión de un verdadero creador.  Así reinterpretó la música que sonaba en Buenos Aires en la época de los 40s o 50s, para incorporar armonías y ritmos más audaces utilizando su bandoneón y numerosos grupos orquestales pequeños, cuando el tango se cristalizaba en los mismos patrones e ídolos. 

Hoy en este centenario, muchos músicos de todo el mundo han querido homenajearlo, sabiendo que este músico del Sur aportaría  nuevas y mejores ideas al contexto de la música clásica popular.



 estamos celebrando el centenario de su natalicio y no quiero dejar de rendirle trir. buto siendo una música y poeta admiradora de su arte apasionado, profundo y poético, que logra expresar con el purismo del sonido la evocación de sentidos subterráneos y ensoñativos, sensuales y artísticos, con una intención de elevar al máximo poder de expresión de la música su propio universo.   

Del tango en mismo, podemos destacar que siendo un género popular, aún no se había mostrado su verdadero potencial dentro de la música contemporánea.  

Y es un género del que poco se mencionan sus raíces españolas y negras, ganando más popularidad su origen italiano por efecto de la inmigración que el “tano” común habría acriollado en la penumbra del conventillo, al compás de su danza o con el recuerdo del amor dejado para siempre detrás del océano. 
Pero también se mezclaría en el suburbio agringado de las ciudades cosmopolitas a las que alude el poeta Leopoldo Lugones, cuando lo describe como “un reptil de lupanar” en 1913, o como una “deshonesta mulata engendrada por las contorsiones del negro y el acordeón maullante de las trattorias”.
Pero si este injerto de organitos y acordeones venidos de Italia, pues cuenta Piazzolla que primero se tocaba con flauta, guitarra y violín, volviéndolo llorón y perdiendo su coraje original -el de los “tangos pendencieros”, según el cuño feliz de Borges, era inapropiado para el guapo de las orillas de fines de siglo.  Más con la incorporación de su pariente alemán –bandoneón- que llegó a los burdeles de Buenos Aires hacia 1890, le otorgaría nuevos bríos y esa sonoridad particular que arrancará los mejores tangos a los hermanos Julio y Francisco De Caro, Armando y Enrique Santos Discépolo, Vicente Greco, Ernesto Ponzio, Pascual Contursi, Roberto Firpo, Juan Maglio (Pacho), Francisco Canaro, Francisco Lomuto, Carlos Di Sarli, Juan D'Arienzo, Pedro Maffia, y el mismo Astor Piazzolla.
 Desde entonces cogería su bandoneón al que llamará de manera surrealista “mi ataúd”, para librar una pelea callejera (pues la gente que los escuchaba no les causaba ninguna gracia), sumergiéndose por 20 años en los cabarets de Buenos Aires y tocando con las mejores orquestas, iniciando una trayectoria bastante prolífica.
Inicialmente haría arreglos para cuartetos de cuerda con la orquesta de Aníbal Troilo (1939) y luego (1955) con su propia orquesta de cuerdas estrenaría sus propias obras: Tres minutos con la realidad, obra síntesis entre el tango y la música de Stravinsky y Bartók), y el famoso Octeto Buenos Aires -conjunto considerado como el iniciador del tango moderno, tanto por su instrumentación que incluía por primera vez una guitarra eléctrica en un conjunto de tango-, como por sus novedades armónicas y contrapuntísticas (acordes con 13as. aumentadas, seisillos y fugas).
En 1958 viaja a Estados Unidos y graba los dos únicos discos de lo que él llamó el jazz-tango (que no lo dejaron muy satisfecho) y en 1959, en Puerto Rico tras recibir la noticia de la muerte de su padre, Vicente Nonino Piazzolla, compone “Adiós Nonino”, su obra más célebre, que conservaría la sección rítmica del anterior tango “Nonino”, más una sentida elegía de despedida, que se convertiría en un sinónimo de Piazzolla a lo largo de los años.​
Posteriormente se definiría su estilo musical con el Quinteto Nuevo Tango, formado en su primera versión (Piazzolla en el bandoneón, Jaime Gosis en piano, Simón Bajour en violín, Kicho Díaz en contrabajo y Horacio Malvicino en guitarra eléctrica) dando a conocer todas las composiciones más recordadas: Las Estaciones (Verano Porteño, Otoño Porteño, Invierno Porteño y Primavera Porteña), La Serie del Ángel, La Serie del Diablo, Revirado, Fracanapa, Calambre, Buenos Aires Hora Cero, Decarísimo, Michelangelo´70 y Fugata, entre otros. Entre anécdotas memorables podemos mencionar que grabó la Introducción a «Héroes y tumbas», con letra de Ernesto Sábato y en 1965, el disco El tango, que contiene temas con letras de Jorge Luis Borges, incluido Hombre de la esquina rosada (suite para canto, recitado y doce instrumentos), o en 1967 empieza su colaboración con el poeta Horacio Ferrer, con quien compuso la operita María de Buenos Aires (con la voz de Amelita Baltar) y en 1969, la exitosa Balada para un loco, que supondría una popularidad súbita para Piazzolla.
Es tan larga la trayectoria que sólo podemos decir que al final compuso obras mayores para orquestas filarmónicas y sinfónicas (mencionaremos su Bandoneón Sinfónico(1990), y después de su primer infarto, llegaría a conformar el Conjunto Electrónico (un octeto integrado por bandoneón, piano eléctrico o acústico, órgano, guitarra, bajo eléctrico, batería, sintetizador y violín), aunque retornaría luego a su quinteto Nuevo Tango. Son muchas las obras que escribió (más de 300 tangos, unas cincuenta bandas musicales de películas) y en febrero de 1993, fue nominado de manera póstuma para los Premios Grammy 1992 en Los Ángeles por Oblivión en la categoría Mejor Composición Instrumental. Un genio cuya música, según su propio testimonio no correspondía a su forma de ver la vida, divertido y alegre, amante de la luz. En sus últimos años de vida fue reivindicado por intelectuales, jazzistas y músicos de rock de todo el mundo, al igual que por nuevos referentes del tango, siendo considerado como uno de los músicos argentinos más importantes en la historia de su país y del mundo.  

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