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EL PECADO DE LEER EN EL SIGLO XIX

Los libros que hablaran de sexo por entonces, estaban vetados. Entonces circulaban clandestinamente, con cierto éxito editorial. Aquí se mencionan algunos de los más relevantes.

La literatura erótica fue un género secularmente prohibido, en tanto que sus autores se vieron forzados al anonimato. Así, muchas obras eran destinadas a  la hoguera, y otras condenadas a los "infiernos" de las bibliotecas. Cuando en 1800 apareció anónimamente el primer libro erótico, El hijo del burdel, inmediatamente se reconoció su arte de multiplicar acontecimientos sin dar respiro a lector: "...Mis manos trémulas de deseo erraban entretanto por el cuello de mi bella amante. En seguida sentí una de las suyas que se me deslizaban a lo largo del muslo.." Se trataba de Charles Pagault Lebrun -escritor muy apreciado por Napoleón- que llevaba una vita tan fértil en aventuras como lo fueron sus novelas.  A partir de entonces, los libros obscenos constituyeron incomparables documentos de las costumbres de la época.
  Obras como la torrecilla de Saint Etienne (1831), que apuntaban a denunciar "las santas infamias", que mostraba el libertinaje de una joven burguesía emancipada ("Julie ya había hecho felices a más de doce amantes cuando el señor B. pensó en darle un partido"), tenían mucho éxito, no obstante estar escritas en un estilo trivial. 
  En 1883, Alfred de Musset daba pruebas de virtuosismo al escribir una novela erótica -Gamiani o dos noches de excesos- en tres días, sin emplear una palabra grosera. Su heroína, la condesa Gamiani, inspirada an "La mujer sin corazón" de Balzac, se revela insaciable y demoníaca, y el suspirante Alcide, como el Raphael de La piel de zapa, se oculta una tarde en su casa para describir sus secretos: "!Qué quereis! Mi triste condición es estar divorciada de la naturaleza". 
  Pero la mayor vergüenza del silgo XIX fue el proceso contra las flores del mal y la condena de Baudelaire, el 20 de agosto de 1857.  El Mininisterio Público lo acusaba de "omponer obras que conducen a la excitación de los sentidos por medio de un realismo grosero y ofensivo del pudor".  Este autor, que en realidad era un gran poeta que lo expresaba todo ("Es necesario describir los vicios como son, o no verlos"), siempre se demostró despreciativo frente a la obcenidad: ninguna palabra cruda, ninguna locución trivial tuvieron cabida en sus escritos.  Llegó a ser incomparable por su estilo ("El carril de su espalda que frecuenta el deseo") y cultivó una voluptuosidad refinada que no fue valorada en su momento a pesar de haber sido un virtuoso de la lengua francesa.
 En Inglaterra se asistía al desarrollo intensivo de la literatura erótica (muchas obras eran difundidas por los periódicos con toda permisividad) hasta 1797, cuando el rey Jorge III divulgó una proclama contra el vicio.  Pronto las obras licenciosas entraron en la clandestinidad.
  Novelas como Venus maestra de escuela o los juegos de la flagelación (Venus school mistress, or birchin sports), escritas en 1840, se inspiraban en los catigos de las escuelas, el ejército, la marina, mostrando con realismo las peculiaridades del "vicio inglés". Y en Londres era frecuente hallar comunidades de coleccionistas de libros eróticos y estampas clandetinas, que reunían a los espíritus anti-conformistas.
Gracias a esta tradición, Inglaterra descubrió los Kama-sutra al mundo entero y patrocinó las más curiosas obras eróticas a fines del siglo XIX. La reina Victoria moriría en 1901 sin sospechar siquiera que durante su reinado, los ingleses se habían convertido en los primeros pornógrafos del mndo.
  En Estados Unidos el precursor fue John Cleland, con su obra Fanny Hill, que inauguraba la novela pornográfica.  Su autor, proscrito por las autoridades locales, no conoció el éxito; pero en cambio, William Haynes, que reeditó las Memorias de Fanny Hill en 1846, hizo fortuna sólo con este libro, y decidió continuar con el mismo género de publicacionesl Los autores anónimos que trabajaban para él se inspiraban en Cleland (su heroína pasó a ser obrera de fàbrica, aventurera, viuda galante, pero siempre, una mujer de "temperamento amoroso y voluptuosas hazañas en el tálamo de Cupido", Y Haynes se convirtió en el primer editor de pornografía, que llegó a sumar más de 300 títulos en su catálogo de obras clandestinas.
  Desde entonces elcomercio con la pronografía literaria fue una actividad tan próspera y lucrativa que a alguien (Anthony ComsTocks) se le ocurrió la idea de emprender una cruzada para prohibirla, y fundó en 1868 el Committee for the Suppression of Vice, cuyo lema decía: "Moral, no arte y literatura". En 1837 el Congreso estadinense reforzó las normas contra la obcenidad.  Medio siglo después, cuando se hacía destruir una traudcción inglesa del Decamerón, los intelectuales norteamericanos denunciaron la ola de "comstocjery" que amanazaba al país.  
  Parece, pues, que en el siglo XIX , se vetó fuertemente la literatura que hacía la descripción pura y simple de los valores de la carne. Esto, sin considerar su calidad literaria, lo que no ocurre hoy en día. (Publicado originalmente en revista Diner, abril 1994).

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