Antes del sonido hay un umbral invisible: ese es el silencio. No como ausencia, sino como territorio sensible. El músico va aprendiendo pronto que no todo se dice tocando: a veces se revela más cuando se calla. Y es que el silencio no es vacío; es respiración, espera, latido interior de los seres que escuchan.
En un mundo como el nuestro, más si estamos en la ciudad, vivimos rodeados de ruido: información, motores de los carros que pasan, aviones, voces superpuestas, pantallas que no duermen. Pero el silencio no es simplemente lo que falta cuando todo se apaga. Es un estado de atención. Es la posibilidad de percibir el mundo sin invadirlo. Escuchar, más que oír, implica una ética: dejar espacio.
Claude Debussy decía que la música es el espacio entre las notas. No se refería solo a una técnica compositiva, sino a una forma de comprender el tiempo. Cada pausa sostiene el sentido del sonido que la precede y del que vendrá. Sin silencio, la música no respira; se asfixia.
John Cage, después de entrar a una cámara anecoica, afirmó algo aún más inquietante: no existe el silencio, siempre ocurre algo que produce sonido. Incluso cuando creemos callar, el cuerpo habla: la sangre circula, el sistema nervioso pulsa, el corazón marca su propio compás. El silencio, entonces, no es ausencia de sonido, sino conciencia de lo que normalmente ignoramos.
Por todo esto el silencio no pertenece solo al músico. Claro que no. Nos pertenece a todos e incluso a los seres sintientes, como los animales y las plantas. De manera especial a las rocas y a las montañas. A quien mira, a quien escribe, a quien ama. El silencio es una cámara interior donde el mundo se ordena antes de pronunciarse. Allí el pulso no se impone: se escucha.
En ese territorio invisible nace el sonido verdadero. No el que grita, sino el que dialoga. No el que ocupa, sino el que deja pasar. Quisiera iniciar una serie de reflexiones sobre el Silencio, no sólo en la música, sino en la vida y en el arte.
ARTISTAS QUE HABLAN DEL SILENCIO
Miles Davis decía: “No son las notas las que tocas, sino las que no tocas.”
Otro compositor contemporáneo, Arvo Pärt decía: “He descubierto que basta con una sola nota bellamente tocada. De ese sonido nace el silencio.”
En la música de Arvo Pärt el sonido parece nacer desde un lugar anterior a la música misma. Después de años de búsqueda, el compositor estonio encontró en el silencio no un vacío, sino un origen. Su estilo tintinnabuli no acumula notas: las despeja. Cada sonido aparece como si hubiera sido esperado por el espacio que lo rodea. En Pärt, la pausa no interrumpe: sostiene.
La música respira con una lentitud casi espiritual, recordándonos que escuchar no es consumir sonidos, sino habitar el tiempo con atención. Es por esto que su obra no busca impresionar, sino revelar: un pulso interior donde el silencio también canta.
Pero en la literatura, ese arte que se vale de las palabras para "atrapar al lector", también encontramos muchas reflexiones sobre el silencio –y qué decir de la poesía–. Por ejemplo, el gran Octavio Paz, decía: “El silencio no es vacío: está lleno de respuestas.”
Me gusta esta reflexión de la poeta argentina Alejandra Pizarnik, quien nos recordaba con su poesía que “El silencio es cierto. Por eso escribo” aún así, al borde del grito.
Igualmente podemos mencionar a pintores como Mark Rothko, o al gran Wassily Kandinsky (autor de Lo espiritual en el arte), cuando decía que
“El silencio interior es el primer paso hacia la verdadera creación.” Sólo quiero introducir un tema que dará para mucha tela qué cortar.
Para terminar, quiero dejar consignados algunos de mis poemas pertenecientes al libro "El Son del silencio" publicado en Capote Azul ediciones (2009).
1.
"El silencio me rodea lentamente
Y se pierde en la garganta del aire.
Voces irrumpen en la tiniebla dulce
Revelando su delirio repartido entre las dunas.
Es el amor perdido en el desierto.
E recuerdo de sus gritos me estremece
Tras la aldaba de una puerta".
2.
Alta roca de silencio...
En tus grutas interiores ha soñado
El agua sus secretos más distantes
Y el viento sus faenas más amargas.
Hazme de tus hijos bien nacida
Eterna flor que nace en las fronters
De la noche queen tu frente se persigna.
Alcánzame tu mano enardecida
Pues inmune te levantas
Evitando el asato y el derrumbe.




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